| Historia de la Pesca Sub |
| viernes, 25 de abril de 2008 | |
HISTORIA> ¿Cuándo empezó el hombre a sumergirse bajo las aguas de los mares? Desde la prehistoria conocemos los restos que nos dejaron los pueblos de ribera que certifican que la recogida de moluscos y crustáceos formaba parte de su alimentación habitual. Primero habrían cogido aquellos ejemplares que la bajamar dejaba al descubierto y, poco a poco, irían descubriendo que bajo la superficie existía un mundo prometedor. La necesidad les haría vencer el miedo y primero la cabeza y después todo el cuerpo comenzaría la exploración submarina. Rápidamente se descubriría que además del alimento se podía conseguir un medio de vida comercializando los productos que se extraían: las perlas, el nácar, las esponjas, tintura... Primero con sus ojos cegatos bajo el agua, con su flotabilidad positiva, por breves espacios de tiempo, bajaría a poca profundidad intentando recoger la cosecha generosa del fondo. El éxito lo llevaría a posteriores descubrimientos: unas rudimentarias gafas de conchas, una piedra de péndulo que le permitía bajar a mayores cotas, el entrenamiento y la enseñanza de padres a hijos permitiría durar más las apneas... En 1933 Corlieu fabrica las primeras aletas de caucho.
En 1956 llega el neopreno traído de los Estados Unidos por Beuchat.
A partir de 1960 se perfeccionan los fusiles, los resortes caen en desuso y se perfilan los de goma y gas comprimido.
En 1946 se funda la APS (Asociación de Pesca Submarina) de Barcelona, el club más antiguo del mundo dedicado a la pesca submarina.
En 1950 se organizan los primeros campeonatos de este deporte en Tánger.
En el 1951 se reglamenta la pesca a nado.
En 1960 se reglamenta de nuevo.
En 1967 se funda la FEDAS (Federación Española de Actividades Subacuáticas).
En los 70 se arma un buen jaleo al mezclarse todo tipo de conceptos: la pesca con escafandra, las puntas explosivas, las capturas escandalosas...
Del 75 al 81 se suspenden todas las pruebas internacionales.
En 1983 se publica, por orden de la CMAS, El Libro Blanco de la Pesca Submarina, que ponía cada cosa en su sitio, dejando bien claro la exclusiva consideración deportiva de esta actividad.
El gran aprecio que sienten los occidentales por los deportes, la simbiosis hombre-mar, la disponibilidad de horas de ocio, el regreso a la actividad náutica, la tradicional cultura marítima mediterránea, perdida en gran medida desde la Edad Media, hicieron que sea en sus riberas donde florezca la pesca submarina. Franceses, italianos y españoles son los máximos exponentes deportivos que practican este hermoso deporte. Los grandes avances que tuvo el material submarino profesional beneficiaron y facilitaron la práctica deportiva. Así aparecerían los grandes y míticos pescadores, entre los que destacan los españoles José Noguera y Juan Gomis, el francés Escaplez y el italiano Mazzarri. Hoy en día los pescadores de nuestro país, Amengual, Carbonell, March y Viña forman la elite mundial de la pesca submarina, y son numerosos los que con ellos conforman un grupo deportivo difícilmente superable.
Ahora son miles los que practican la pesca submarina deportiva en todo el mundo. A su alrededor se ha creado una industria floreciente que pone a disposición del ser humano los medios para convertirse en una criatura marina más, un mamífero acuático como sus hermanos los delfines, capaz de evadirse del mundo pesado y grávido y entrar en la vorágine de la vida marina.
Desde la fría y oscura profundidad, ingrávido y flexible, fluyendo hacia la superficie, sintiendo palpitar su pequeño corazón en la inmensidad del mar, al borde del límite respiratorio, disparadas todas las alarmas de ruptura de la apnea, transgrediendo todas las reglas de su evolución natural que lo convirtió un día en animal terrestre, el pescador submarino asciende con la captura que el entrenamiento y el coraje le han permitido conseguir. Dos escasos minutos son el límite de su tiempo, el máximo, casi la excepción; después pierde el conocimiento y se une al mar que tanto ama. De cuantas modalidades deportivas existen que tienen como fin atrapar un pez, la pesca submarina es la más selectiva. Todas las demás son ciegas, indiscriminadas. Es además limitada en el espacio y en el tiempo: sólo se puede practicar en lugares determinados y cuando las condiciones climatológicas y el estado del mar lo permiten. Y son contadas las especies que se pueden capturar: el sargo, la dorada, la lubina, la cherna, la corva, la maragota, el pinto, los escorpénidos, el salmonete, el congrio, la morena, la bertorella, el abadejo, tres o cuatro clases de pescado azul... de las más de 20.000 especies. Y además estas capturas están limitadas por la profundidad: más allá de los 20 metros son pocos los deportistas que pueden capturar algún pez. De todo ello se deduce la limitada incidencia que tiene esta práctica deportiva en la población piscícola. Basta con dejar una zona “muy pescada” sin practicarla durante un tiempo limitado para que de nuevo se repueble rápidamente. Antaño se decía que la pesca submarina había acabado con especies de muchos lugares del Mediterráneo y del Atlántico, hasta que en el 93, 94, 95... se pudo verificar una eclosión de crías por todos estos mares.Nuestro país estuvo siempre en la elite mundial de este deporte. Los Noguera, Gomis, Amengual, Carbonell, Viña, March... han conseguido para España todo tipo de galardones internacionales. La afición a la pesca submarina ha crecido sensiblemente en los últimos años. Al querer emular las hazañas de los veteranos en poco tiempo, se logran rápidamente profundidades que eran fruto de muchos años de entrenamiento y experiencia. No se es consciente de que este deporte es de alto riesgo y debe ponerse en práctica conociéndolo perfectamente. La Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS), a través de las autonómicas, de su red de clubes y de las entidades federadas, titulará a cuantos quieran asomarse al abismo de lo desconocido, a los que deseen flotar ingrávidos, a los que intenten escapar del mundo pesado y seco y quieran sentir como el agua fluye entre los dedos y las piernas, convertidos por unas horas en parte del fondo de los mares.
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HISTORIA> ¿Cuándo empezó el hombre a sumergirse bajo las aguas de los mares? Desde la prehistoria conocemos los restos que nos dejaron los pueblos de ribera que certifican que la recogida de moluscos y crustáceos formaba parte de su alimentación habitual. Primero habrían cogido aquellos ejemplares que la bajamar dejaba al descubierto y, poco a poco, irían descubriendo que bajo la superficie existía un mundo prometedor. La necesidad les haría vencer el miedo y primero la cabeza y después todo el cuerpo comenzaría la exploración submarina. Rápidamente se descubriría que además del alimento se podía conseguir un medio de vida comercializando los productos que se extraían: las perlas, el nácar, las esponjas, tintura... Primero con sus ojos cegatos bajo el agua, con su flotabilidad positiva, por breves espacios de tiempo, bajaría a poca profundidad intentando recoger la cosecha generosa del fondo. El éxito lo llevaría a posteriores descubrimientos: unas rudimentarias gafas de conchas, una piedra de péndulo que le permitía bajar a mayores cotas, el entrenamiento y la enseñanza de padres a hijos permitiría durar más las apneas...
En 1933 Corlieu fabrica las primeras aletas de caucho.
De cuantas modalidades deportivas existen que tienen como fin atrapar un pez, la pesca submarina es la más selectiva. Todas las demás son ciegas, indiscriminadas. Es además limitada en el espacio y en el tiempo: sólo se puede practicar en lugares determinados y cuando las condiciones climatológicas y el estado del mar lo permiten. Y son contadas las especies que se pueden capturar: el sargo, la dorada, la lubina, la cherna, la corva, la maragota, el pinto, los escorpénidos, el salmonete, el congrio, la morena, la bertorella, el abadejo, tres o cuatro clases de pescado azul... de las más de 20.000 especies. Y además estas capturas están limitadas por la profundidad: más allá de los 20 metros son pocos los deportistas que pueden capturar algún pez. De todo ello se deduce la limitada incidencia que tiene esta práctica deportiva en la población piscícola. Basta con dejar una zona “muy pescada” sin practicarla durante un tiempo limitado para que de nuevo se repueble rápidamente. Antaño se decía que la pesca submarina había acabado con especies de muchos lugares del Mediterráneo y del Atlántico, hasta que en el 93, 94, 95... se pudo verificar una eclosión de crías por todos estos mares.